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LA RAZÓN DEL NOMBRE


Al buscar un nombre para este sitio de internet, tratamos de encontrar una expresión que reflejara la motivación que nos impulsó, primero a crearlo y después a desarrollarlo. Después de considerar y descartar muchas posibilidades, nos decidimos por TESTIGOS DE JESUCRISTO, nombre ambicioso y que además compromete, pero que al fin de cuentas es la vocación a la que hemos sido llamados todos los cristianos, y de manera especial los católicos.

Pero, ¿qué significa ser TESTIGOS DE JESUCRISTO?, les compartimos la siguiente reflexión donde se intenta profundizar al respecto.

¿Qué significa ser testigo de Jesucristo?

«En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos". » (Mateo 5,13-16)
Cuando un reo es llevado ante un tribunal, son convocados también los testigos, es decir, aquellos que deben decir lo que han visto y oído acerca del acusado. Su papel es decir ante el tribunal: he visto tales y tales cosas de este hombre.

El cristiano es también un testigo; pero un testigo muy particular, porque su oficio no es dar testimonio acerca de delitos o crímenes, sino el de testimoniar acerca de esto: el amor de Dios por los hombres y de la salvación que El nos manifestó en Cristo.

Cada cristiano es un eslabón en la inmensa cadena de testigos en la historia de la salvación.

Los Patriarcas y grandes personajes del antiguo Pueblo escogido fueron testigos de las promesas de Dios. Y su papel fue mantener viva la Fe en la palabra de Dios, que cumpliría lo que había prometido (Hebreos 11,1-40).

Juan Bautista dio testimonio de Cristo a fin de que todos creyesen en El (Juan 1,7).

Cristo da testimonio del Padre que lo envió para salvar al mundo:
«Yo hablo lo que he visto donde mi Padre» (Juan 8,38).

«La palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado.» (Juan 14,24).
María es testigo de la Palabra hecha carne en sus purísimas entrañas. María es el arca de la nueva alianza. Si el arca que el pueblo hebreo portaba en el desierto contenía en su interior las tablas de la Ley de Dios, el maná del desierto y el cayado de Moisés, ahora en el Arca de la Nueva Alianza que es María se contiene la Nueva Ley de Dios que es Jesucristo, el nuevo Maná que es Jesús-Eucaristía, y el cayado del Buen Pastor que es Jesucristo.

Los Apóstoles y Evangelistas son testigos del mensaje de Cristo:
«Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida, pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio.» (1 Juan 1,1.2).

Todo cristiano, testigo de la fe.

Cada cristiano recibe esta misión de ser testigo de Cristo, desde el día que se ha incorporado a El por el Bautismo.
«Como el Padre me envió, también yo os envío.» (Juan 20,21).

«Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.» (Hechos 1,8).
San Pablo nos presenta el mundo como un lugar público, en el cual somos expuestos para servir de espectáculo a los hombres, ante los cuales por lo mismo debemos dar testimonio de nuestra condición (1 Cor 4, 9; cf. 2 Cor 4, 8-12).

Entre los testigos de Cristo ocupan un lugar privilegiado los mártires, cuyo nombre mismo quiere decir testigo, los cuales han dado testimonio de Cristo no sólo con sus palabras, sino además con lo que es de más valor para el hombre: la propia vida.

La Iglesia es el gran testigo le Cristo ante las naciones de la Tierra. Su misión es dar testimonio de la salvación de Cristo y hacerla presente en medio de los hombres.

El cristiano, como parte integral de la Iglesia debe dar testimonio de lo que ha visto y oído acerca de Cristo:
«No podemos nosotros dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.» (Hechos 4,20).
Testimonio de palabra, de obra y, si es preciso también, con su vida.

Testimonio de la fe para nuestro mundo.

La sociedad en que vivimos reclama la presencia de Cristo a través de nuestro testimonio.

El materialismo y el confort colectivo, las injusticias sociales, el odio, la corrupción moral y administrativa, van minando día a día los fundamentos cristianos de la sociedad. Es preciso que las convicciones y la acción de cada cristiano sean una prueba del valor eterno e inmutable de las exigencias de Cristo y sean también un fermento que levante esta masa empobrecida.

Ser cristiano, o católico, no consiste únicamente en no matar, en no robar. Cristo nos propuso un ideal más perfecto, que esas cosas meramente negativas; y nos puso a nosotros, a mí, cristiano, para dar testimonio de ese ideal. Y para dar testimonio en mi vida privada y en mi vida social, sin contradicciones entre lo que creo y lo que obro.

El cristiano debe ser testigo ante el mundo de tres cosas:

a) De lo que ha visto y oído: es decir, del amor que Dios ha tenido para con los hombres y de la salvación que El nos ha manifestado en Cristo.

b) De lo que actualmente ve y vive: es decir, de la presencia de Cristo en su Iglesia, en el mundo y en medio de nosotros. Y la certeza de esa presencia debe hacer de él un apóstol y un misionero activo de Cristo entre los hombres por medio del Amor.

c) De lo que espera. Porque es parte del Pueblo de Dios, que va ya en marcha hacia la plena posesión de los bienes prometidos. Vive en una comunidad de esperanza y por lo mismo sabe que «las tribulaciones del tiempo presente no guardan proporción con la gloria que se ha de manifestar en nosotros» (Romanos 8, 18).

El cristiano, sin embargo, no está solo en este esfuerzo de testimonio. Para ello recibe la fuerza del mismo Espíritu Santo, cuya tarea propia es dar a cada uno las gracias que le son necesarias, para cumplir con su misión de testigo en el puesto que ocupa entre los hombres y en la sociedad (Cf. 1 Corintios 12, 4-11). La escucha de la Palabra de Dios en estos días es un llamamiento a nuestra entrega a Cristo, una invitación a asumir nuestro deber de ser testigos suyos, a hacer presente en el mundo el testimonio mismo de Dios, que consiste en esto:
« Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo.» (1 Juan 5, 11).
¿Nos avergonzamos de ser testigos de Cristo?
«El que se avergonzare de Mí y de mis palabras, también me avergonzaré de él en el último día.» (Lucas 9, 26).
No es, entonces, una opción avergonzarse, y por ello compartimos con ustedes, lo que conocemos, lo que hay en nuestros archivos y en nuestra biblioteca, lo que encontramos en el ciber-espacio, lo que aprendemos cada día, pero sobre todo, queremos trasmitirles el gozo inmenso de conocer a Jesús.